Una familia, tres hermanos y muchas ganas de disfrutar: una sesión de fotos familiar en Bizkaia 🪁
Hay familias que llegan a una sesión de fotos. Y hay familias que consiguen que tú también te sientas parte de ella.
CONEXIÓN
Si tuviéramos que elegir una sola palabra para definir a esta familia, sería esa.
Conexión. Con ellos. Entre ellos. Con cada lugar que visitamos. Y, sobre todo, con esos pequeños momentos que hacen que una sesión de fotos familiar sea mucho más que una colección de imágenes bonitas.
Hace ya varios años que esta familia viene a nuestro estudio para fotografiar a sus tres hijos: Jon, Mark y Hugo. Y tenemos que reconocer que les tenemos un cariño muy especial.
No solo porque hayamos tenido la suerte de acompañarles durante diferentes etapas de la vida de sus hijos. También por la energía que desprenden cada vez que vienen. Siempre llegan con una sonrisa. Con ganas de disfrutar. Con ganas de jugar, de correr, de dejarse llevar y de vivir la sesión.
Cuando una familia viene con esas ganas, la cámara casi pasa a un segundo plano. Dejamos de pensar tanto en las fotografías que queremos conseguir y empezamos a disfrutar del momento. Es justo ahí cuando aparecen las imágenes que más nos gustan: Las que cuentan quiénes sois.
Una familia que nos hace sentir parte de ella
Hay algo muy especial en fotografiar a una familia durante varios años. Los niños cambian. Crecen. Sus juegos son diferentes. Sus personalidades se hacen cada vez más evidentes. Y nosotros tenemos el privilegio de poder guardar pequeños pedazos de todas esas etapas.
Con Jon, Mark y Hugo hemos vivido ya unas cuantas.
Por eso, cuando vuelven, sentimos que no estamos empezando una sesión desde cero. Ya conocemos un poco de ellos. Sabemos cómo se miran. Cómo juegan. Cómo se buscan. Cómo se ríen… Y ellos también nos conocen a nosotros!
Nos sentimos parte de su familia durante un ratito. Y ellos consiguen que nuestro trabajo sea todavía más divertido.
Hace unos años, el mar fue el protagonista
Una de las sesiones que recordamos con más cariño fue la que hicimos hace un par de años en la playa. Y, especialmente, recordamos un momento con Mark. Mark tiene autismo y, cuando nos acercamos al agua, ocurrió algo precioso.
Mientras los demás podían estar pendientes de otras cosas, Mark solo quería mirar. Los reflejos del agua habían conseguido captar completamente su atención. Quería quedarse allí. Mirarlos. Mojarse. Sentir el agua.
El mar le había fascinado. Y nosotros tuvimos la suerte de poder observar aquel momento desde muy cerca. Fue precioso ver la conexión tan grande que Mark tenía con el mar.
Y nosotros solo teníamos que hacer una cosa: acompañarle y fotografiarlo.
Porque para nosotros, la fotografía de familia no consiste en conseguir que todos miren a cámara al mismo tiempo. Consiste en dejar espacio para que aparezca su verdadera personalidad.
Este año cambiamos el mar por el campo
Después de aquella experiencia, este año teníamos bastante claro que queríamos hacer algo diferente. Nos fuimos al campo. Y no fue una decisión casual. Sabíamos perfectamente que, si volvíamos a hacer la sesión en la playa, Mark probablemente tendría clarísimo cuál era su plan.
Ir directo al agua 😁
Así que cambiamos por completo de paisaje. Dejamos atrás el mar y nos llevamos a la familia al campo. Y allí apareció un nuevo protagonista inesperado: una cometa.
Hugo, experto oficial en cometas
La idea de llevar una cometa fue todo un acierto. Porque entonces descubrimos que Hugo es un auténtico experto volándolas. Y cuando decimos experto, queremos decir experto de verdad.
Hugo corría. Muchísimo. Nosotros corríamos detrás de él. Intentábamos seguirle el ritmo mientras buscábamos el momento perfecto para fotografiarlo.
Y no era fácil. La cometa volaba. Hugo corría. Hacia todas partes. Nos podéis imaginar dando vueltas alrededor de él jajaja!
Sus hermanos intentaban cogerla al vuelo. Nosotros intentábamos capturar todo aquello antes de que sucediera otra cosa. Y, entre carrera y carrera, salieron fotografías preciosas. Fotografías de Hugo volando la cometa. De sus hermanos intentando alcanzarla. De los tres compartiendo el juego.
De esos pequeños instantes que probablemente ellos olvidarán con el paso de los años, pero que quedarán para siempre guardados en estas imágenes.
Y eso es precisamente lo que más nos gusta de hacer sesiones de fotos familiares en Bilbao y Bizkaia.
Fotografiar lo que hace especial a cada familia
Cada familia tiene una historia diferente. Por eso no creemos en hacer siempre las mismas fotografías ni en repetir las mismas sesiones. Nos gusta conocer a las familias que pasan delante de nuestra cámara.
En esta familia está la energía, la alegría, la complicidad, la manera que tienen de disfrutar juntos. Está la conexión de Mark con el mundo que le rodea.
Está Hugo corriendo con su cometa. Está Jon compartiendo el juego con sus hermanos.
Y está también algo que para nosotros tiene muchísimo valor: la confianza que han depositado en nosotros durante todos estos años.
Una sesión de fotos familiar es también guardar una etapa
Quizá dentro de unos años los tres hermanos no recuerden exactamente aquella tarde en el campo.
Quizá no recuerden cuánto corrieron detrás de una cometa.
Ni cuántas veces intentaron cogerla.
Ni cuánto nos costó seguir el ritmo de Hugo.
Pero tendrán estas fotografías y podrán volver a ellas. Ver cómo eran. Cómo jugaban juntos. Cómo se miraban. Cómo se reían.
Porque eso es lo bonito de la fotografía de familia. No se trata solamente de guardar cómo son tus hijos hoy. Se trata de guardar cómo se sienten cuando están juntos. Y, con el tiempo, esas imágenes adquieren un valor que va mucho más allá de la propia fotografía.
Gracias por volver familia!









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